¿Cuál sería la estrategia más lógica de realizar cuando estamos lanzando un nuevo producto o servicio? Probablemente pensemos que la forma más efectiva de llegar a todos es diseminando el mensaje a la mayor cantidad de personas posibles. Y es así como el marketing comenzó a funcionar, el marketing pensado en las masas, donde la técnica de la insistencia estaba constantemente presente.
Sin embargo, con la aparición de la web y las redes sociales el marketing se vio enfrentado a un nuevo panorama donde el usuario comenzó a tomar el control total, donde era capaz de promocionar un producto a tal punto que llegará a mercados que ni la propia marca hubiera imaginado, tanto como hundirlo de tal forma que sea difícil la vuelta atrás. Por lo tanto, ya no era necesario que el mensaje llegara a todos sino que los pocos que se enterarán de este, lo capten de tal forma que comiencen a promocionarlo a sus conocidos y así sucesivamente. Para esto había que dar bien con el target al cual venderle el producto, lo que implicaría más investigación sobre los intereses que tiene tu público objetivo, porque serían estos primeros que conozcan tu producto quienes determinarían el éxito o fracaso de este.
En consecuencia, hoy en día ya no se trata de expandir tu mensaje a el mayor número de personas posibles, ese tipo de marketing ha quedado obsoleto. Los usuarios se han vuelto más exigentes, quieren que los traten de forma más personalizada, porque al final de cuentas todos nos queremos sentir únicos, ¿o no? Por ende, tienen que empezar a jugar de forma más inteligente, investigando más sobre los gustos del público objetivo, con que cosas se sienten más identificada y a partir de ahí crear un mensaje más específico y que se impregne en la mente del consumidor de forma positiva y más permanente. Ya no se trata de un marketing de 360° sino uno de 6°, lo cual no implica que sea más fácil…