El texto expone y cuestiona como aspectos de la era digital pueden afectar a las personas; explica como pequeñas modificaciones pueden significar grandes cambios, en una era donde la tecnología funciona como extensión de nosotros mismos. Las tecnologías digitales, o quizás también sea correcto llamarlas nuevas cuestiones filosóficas, no deben ir mas allá -ni en contra- de lo que la naturaleza humana puede contemplar. Sin embargo, los tecnólogos y sus adeptos han instaurado una cultura donde “la extensión del yo” toma un nuevo significado: “ojos y oídos a distancia…memoria ampliada”. En este marco se cuestiona la relación de la red con el humano, cómo afecta su comportamiento. Si bien hay diferentes respuestas, es un hecho que internet “está cobrando vida”, caracterizada por lo perverso del anonimato. No debemos olvidar que la red por si misma carece de sentido y lo único verdaderamente significativo son las personas.
Al continuar con la lectura, se introducen otros aspectos a destacar, como ser aquello que conlleva el diseño o la complejidad de una red, proyecto, programa, software y/o archivo. Hoy en día, los archivos son parte de la vida: se los considera ideas independientes, posibles de ser fragmentadas, que a su vez contribuyen a un todo y trabajan en conjunto. Luego de un largo camino, se introduce el concepto de la web 2.0, donde, si bien, se recupera la bondad humana, es necesario auto-limitarse para poder definirse.
El autor expone una serie de puntos para tener en cuenta al momento de considerar el futuro de la tecnología y su influencia sobre la cultura; podrían considerarse consejos para poder seguir siendo personas en la red, para mantener nuestra autenticidad, aportar desde el interior, en pos de un nuevo humanismo digital.